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El Brigadier General don
Antonio González Balcarce, militar y político
argentino nació, en la ciudad de Buenos Aires el
24 de Junio de 1774. Era hijo del militar
Francisco González Balcarce y de María
Victoria Martínez de Fontes y Bustamante, hija
de quien fuera gobernador de Paraguay. Se inició en la carrera de
las armas, en los blandengues, a las órdenes de
su padre Don Francisco Balcarce.
Guerrero de la
independencia, participó en la defensa de
Montevideo durante las invasiones inglesas de
1806, fue hecho prisionero en 1807 y llevado a
Londres. Liberado en Europa, combatió en España,
al lado de San Martín, contra las huestes
napoleónicas y es ascendido por su desempeño
en el campo de batalla a teniente coronel de
caballería. Todos los ascensos los ganará
peleando.
Desde allí volvió a Buenos Aires,
imbuido de las fuertes ideas combativas de
libertad que se respiraban en Europa.

Su lucha ideológica
Como miembro de un sector
social preocupado por los ideales de libertad,
independencia y autogobierno, formó parte de la
Logia Lautaro, donde junto al accionar de otros
intelectuales, militares y estrategas de la
época, contribuyó de forma invalorable a la
causa independentista. Por ello se entiende que
su principal interés estaba puesto en establecer
gobiernos independientes en América Latina.
En el marco del ideario de
la libertad americana, tomó parte en el
movimiento revolucionario del 25 de Mayo de
1810. Después de la revolución de mayo, abrazó
la causa patriota y fue destinado al Ejército
del Alto Perú que tenía la misión de extender el
movimiento independentista a aquellas tierras,
dominadas por los realistas.
Su persona representa el federalismo y el
respeto institucional, aún en la adversidad.

Su Accionar Militar y
Político
El General Balcarce fue la
figura militar al mando de la cuál se planificó
la Primera Campaña del Alto Perú, que tenía como
objetivo frenar el avance realista por la
frontera norte de Las Provincias del Río de la
Plata. Liberó a Córdoba y su población de la
contra revolución que dirigía Santiago de
Liniers. La orden de fusilar a Liniers no lo
satisface pero la cumple. Se lo recuerda como héroe de la
victoriosa batalla de Suipacha, librada el 7 de
Noviembre de 1810, donde contó con la
colaboración de Güemes y sus hombres, obteniendo
de esta forma
la primera victoria de la revolución.
Liniers
y Balcarce
La llegada de Liniers al cargo de gobernador de Misiones se produjo el 6 de marzo de 1803, Cinco meses pasaron entre su designación por parte del virrey Joaquín del Pino y su arribo a la capital provincial situada en Candelaria.
Velasco llegó a Candelaria el 8 de octubre de 1804 y al otro día asumió en reemplazo de
Liniers. Éste regresó a Buenos Aires en los primeros días de 1805, nadie podía imaginar que, tan sólo 18 meses después de su experiencia en la tierra colorada, se convertiría en el héroe del virreinato y en el hombre fuerte del Río de la Plata.
La principal preocupación de Liniers como gobernador de Misiones será la defensiva, ya que carecía de una organización militar para la zona, más allá de la tradicional movilización guaraní en tiempos de guerra. La descripción del gobernador es elocuente: tengo la “existencia de 160 armas de chispa en Candelaria, 75 en Concepción y 218 en Yapeyú, de las cuales pueden caracterizar de buen servicio no más de 50”
(Lozier Almazán, Bernardo, Liniers y su tiempo, Emecé, Bs. As., 1989, p. 63), para defender todo el territorio y sólo 120 hombres veteranos y un único oficial. El solitario oficial con el que contaba la defensa del territorio era Antonio González
Balcarce.
Suipacha
El 27 de octubre, las fuerzas
revolucionarias se vieron obligadas a
retirarse de Cotagaita en dirección a
Tupiza sin ser perseguidas por los
realistas. El 5 de noviembre las fuerzas
realistas comenzaron la marcha hacia
Tupiza, luego de recibir a Nieto con 100
veteranos de los Granaderos Provinciales
de La Plata provenientes de Chuquisaca y
a Basagoytía con 350 hombres de las
milicias de Puno y de Arequipa , por lo
que al día siguiente Balcarce desalojó
la localidad de Tupiza, que fue ocupado
al día siguiente por 1.200 realistas, y
se situó en Nazareno el 6 de noviembre,
ubicado sobre el río Suipacha frente a
la población de Suipacha, en donde
recibió por la noche un refuerzo de 200
hombres con dos piezas de artillería,
junto con municiones y la paga de las
tropas. Córdoba había recibido informes
falsos sobre la moral combativa de las
fuerzas de González Balcarce,
convenciéndose de que marchaban
descontentos y mal armados y por lo
tanto sería relativamente fácil
dispersarlos, tampoco se había enterado
de la llegada de refuerzos con
municiones y cañones.
El Ejército del Norte tenía
inferioridad numérica, 800 realistas con
4 cañones contra 600 patriotas con 2
cañones. Formaban parte del ejército
realista de observación los veteranos
del Real Borbón y del Cuerpo de
Voluntarios del Rey, éste al mando del
capitán José Fernando de Fontaneda, que
habían partido de Buenos Aires en 1809
para reprimir las sublevaciones del Alto
Perú y que luego formaron el Batallón
Fernando VII.
El 7 de noviembre la vanguardia
realista tomó contacto visual con las
tropas de Balcarce, éste había ocultado
gran parte de su infantería y artillería
entre los cerros y quebradas vecinas.
Situados frente a frente sin atacarse
hasta las 3 de la tarde, González
Balcarce se impacientó e ideó un plan
para forzar a Córdoba a atacarlo, para
eso hizo adelantar 200 hombres sobre la
playa del río y con dos cañones abrió
fuego, lo que dio inicio al
enfrentamiento cuando Córdoba destacó
algunas fuerzas de guerrilla. González
Balcarce desplegó más tropas y Córdoba
envió batallones para reforzar a sus
guerrillas abandonando sus posiciones
seguras. González Balcarce ordenó
simular una retirada en aparente
desorden, haciendo caer en la trampa a
Córdoba, quien dio la orden de
perseguirlos con todas sus tropas hasta
las proximidades de la quebrada de
Choroya. Allí las fuerzas de González
Balcarce que en apariencia huían,
giraron para enfrentarlos, mientras las
tropas de infantería y la artillería que
estaban ocultas entre los cerros
aparecieron bruscamente, emboscando a
los realistas, quienes se dieron a la
fuga arrojando banderas, armas y
municiones, siendo perseguidos por tres
leguas.
La batalla duró media hora y concluyó
con una fácil victoria para los
revolucionarios ya que los realistas
abandonaron el campo de batalla en fuga,
dejando la artillería. Fueron tomados
150 prisioneros realistas. La aparición
de indígenas para observar la batalla
desde los cerros hizo pensar a Nieto que
se trataban de fuerzas de refuerzo y se
precipitó en fuga sin esperar el
resultado de la batalla.
En la batalla, junto con las tropas
provenientes de Buenos Aires (275
combatientes), participaron, salteños,
jujeños, oranenses, tarijeños, cinteños
y la caballería chicheña de Tupiza,
comandada por el coronel Pedro Arraya.
Martín Miguel de Güemes, quien estaba al
frente de los salteños fue
posteriormente a la batalla (ya en
Potosí) despojado de su rango militar
por desavenencias con Castelli y
devuelto a Salta, mientras que sus
tropas fueron incorporadas al Ejército
del Norte. Las evidencias históricas
señalan a Güemes como el ejecutante de
las acciones de Suipacha, sin embargo
Castelli no lo menciona en el parte de
batalla.
El ejército realista que luchó en
Suipacha sufrió una completa derrota,
perdió sus 4 cañones, sus tiendas de
campaña, armas, municiones, 10.000 pesos
en plata, víveres y se desintegró por
completo.
El triunfo de Suipacha tuvo un fuerte
efecto moral, los jefes realistas del
Alto Perú perdieron todo su prestigio,
que se vio reflejado en el
pronunciamiento de las ciudades de
Potosí el 10 de noviembre apresando a su
gobernador Paula Sanz.
En
Chuquisaca, la noticia llevada
por jinetes Chicheños conmovió a
la gente, que se adhirió a la
junta de Buenos Aires. La
noticia tuvo el mismo efecto en
Cochabamba, donde alentaron a
Rivero, Arze, Guzmán Quintón y
otros que se levantaron el 14 de
septiembre. Esteban Arze
consiguió el triunfo de Aroma el
14 de noviembre.
En el momento de la batalla Juan José
Castelli se hallaba en Yavi, desde donde
el 8 de noviembre informó a la Junta
sobre la victoria, redactando dos días
después en Tupiza el parte completo,
llevado a Buenos Aires por el mayor de
patricios Roque Tollo.
En La Gazeta del 3 de diciembre,
parafraseando al virrey del Perú José
Fernando de Abascal y Sousa, se pudo
leer:
(...) que el americano nacido para
vegetar y vivir en la oscuridad, (...)
[excedía a los militares de España],
donde por virtud del nuevo gobierno, se
ha enseñado la táctica de fugar,
manchando la memoria de nuestros abuelos
y héroes de la milicia que ahora
nosotros queremos renacer (...)
Una de las dos banderas tomadas fue
enviada a Buenos Aires con una nota de
Castelli que decía:
A fin de que V. E. la destine a la
sala del rey D. Fernando, con las que
adornan su retrato.
La Junta autorizó a todos los
comandantes victoriosos en Suipacha, a
llevar en el brazo derecho un distintivo
con la inscripción:
La
patria a los vencedores de Tupiza
Este distintivo se utiliza aun hoy en el
uniforme de gala de las tropas del
Regimiento Dos (RI2) de infantería del
Ejercito Argentino con actual asiento en
la Ciudad de Córdoba Argentina.
Cumpliendo órdenes de Buenos Aires y
como castigo por la represión de 1809 en
las rebeliones de Chuquisaca y La Paz,
los jefes realistas José de Córdoba,
Vicente Nieto y Francisco de Paula Sanz,
hijo del Rey Carlos III de España, fueron capturados en
Potosí y ejecutados.
A González Balcarce le valió los
galones de brigadier y la confianza para
avanzar hacia el río Desaguadero, límite
del virreinato en la época colonial.
El 5 de Abril se desarrolló la primera
revolución popular de esta tierra, se la
denominó de los orilleros porteños. Entre sus
peticiones estaban:
1) Expulsión de Buenos
Aires de todos los españoles
europeos de cualquier clase
y condición que no hayan
acreditado de un modo
público, apoyar al nuevo
orden.
2) Separación de los
empleados civiles y
militares –sin sueldos ni
retiros- que no estén
identificados con el proceso
revolucionario.
3) Cese de los sueldos
que hasta entonces se
pagaban a personas separadas
o retiradas por no haber
merecido confianza al
gobierno.
4 ) Contribución
pecuniaria por parte de
quienes se confinen, hasta
que se consolide el tesoro.
...
11) Que no se elija
ningún miembro para integrar
el gobierno, sin el voto del
pueblo.
...
15) Que mantengan el
grado de brigadier
exclusivamente Cornelio
Saavedra y Antonio Balcarce,
debiendo recogerse los demás
otorgados hasta que el
Congreso General resuelva
dar otros.
...
17) Que las fórmulas
presentadas no podrán
cambiarse sin el voto del
pueblo, hasta que se
publique la Constitución que
haga el Congreso General.
18) Juzgamiento a los
individuos que cometan
crímenes, por el gobierno y
por las Leyes en vigor,
debiendo adoptarse igual
criterio con los que hayan
sido hechos anteriormente y
que permanezcan impunes.
La revolución de los orilleros demostró un
cariño y respeto sincero que bien se supo ganar
el Brigadier General.
Fue Gobernador intendente de
Buenos Aires en 1813 y gobernador de Buenos Aires
(1814). Director Supremo interino
en 1815; y director provisional de las
Provincias Unidas del Río de la Plata (1816).
El 9 de julio de 1816 mientras se gritaba
"Libertad e Independencia" en la ciudad de San
Miguel de Tucumán, Balcarce y Pueyrredón
intercambiaban sus funciones en el cargo de
Director Supremo.
Se podría decir que: Balcarce fue el último
Director Supremo de política federal. Durante su
gestión representantes de Salta, Catamarca,
Buenos Aires, Chibchas, Jujuy, Córdoba, Mendoza,
Santiago del estero, Mizques, Charcas, La Rioja
y San Juan representaron al pueblo y atendieron
las cuestiones públicas. Su sucesor ordenó el
inmediato traslado del congreso a Buenos Aires y
la reducción de las autonomías provinciales.
Destinado al ejército de
los andes, sirvió como segundo comandante a las
órdenes de San Martín, combatió en varios
enfrentamientos en Chile, incluyendo Cancha
Rayada y Maipú, antes de que su enfermedad lo
obligara a regresar a Buenos Aires, donde murió
poco después de haber sido designado nuevamente
jefe del Estado Mayor.
Resaltan
los cronistas chilenos:"Después de la
batalla de Maipú se celebra una misa en la
Catedral de Santiago para bendecir las armas
patrias. A la ceremonia están invitadas las
personalidades políticas sociales de la ciudad
y los jefes militares. Balcarce es uno de los
invitados de honor, pero envía una nota
diciendo que no podrá asistir porque la única
camisa que tiene está rota y no está en
condiciones de comprarse una nueva. El gobierno
chileno había ordenado le fuese entregado
dinero para que adquiriese con urgencia el
vestuario necesario, pero el militar, pensando
en la extrema pobreza del tesoro público
declinó aceptar el obsequio."
Después de batalla de Maipú, gran parte de
las tropas realistas se retiraron al sur, donde
organizaron guerrillas que hostilizaban
distintos puntos de la región, lo que movió a la
organización de un ejército de patriotas que
ocupó con alrededor de tres mil hombres el
territorio entre Santiago y Parral. Estas
fuerzas se pusieron al mando del Brigadier
General Antonio González Balcarce, quien
llegó a Chillán el mes de enero de 1819. Este
Ejército tuvo una sola acción militar y triunfo,
un duelo de artillería con los realistas a
través del Bio Bío.
Por su enfermedad, debió regresar a Buenos
Aires, donde fue designado nuevamente jefe del
Estado Mayor, pero poco después falleció, a
los 45 años, en su
ciudad natal el 5 de Agosto de 1819. Sus restos
mortales descansan en la Basílica de Nuestra
Señora del Rosario y Convento de Santo Domingo
(junto a Manuel Belgrano) en la ciudad de Buenos
Aires.
Dejó cuatro hijos: Mariano, que contrajo
enlace con la hija de San Martín, Merceditas;
Avelina, que militó en la resistencia contra
Rosas; Florencio, destacado como poeta, y María
Magdalena, que murió soltera en París en 1902.
Ocho meses después de su muerte nació Máximo,
hijo póstumo que murió en la infancia.
Haciendo
historia más allá de la vida
San Martín y Balcarce tuvieron un vínculo de
amistad fraterna que trascendió sus vidas.
Mercedes San Martín nació en Mendoza, fruto
del matrimonio del general libertador con María
de los Remedios de Escalada , hija de una
familia muy respetada de Buenos Aires, quién
moriría a los pocos años, sin poder ser
acompañada por su esposo debido a trabas puestas
por el presidente Bernardino Rivadavia quien no
quería que el correntino entrara en la ciudad.
En 1824, luego de la guerra de independencia, el
general José de San Martín se exilió
permanentemente a París, Mercedes lo acompañaría
en este viaje. Sin embargo, debido a las
agitadas revoluciones que ocurrían en ese país,
la familia decidió trasladarse a un pueblo más
retirado, siendo el lugar elegido Boulogne Sur
Mer. Allí enfermaron ambos de cólera, ante lo
que fueron atendidos por el doctor argentino
Mariano Severo Balcarce. Ese mismo año, la hija
del general se casó con él, teniendo dos hijas:
Josefa Dominga Balcarce y María Mercedes
Balcarce.
Mariano Severo Balcarce (Buenos Aires,
1807 – Brunoy, 1885), hijo del General
Antonio González Balcarce y de Dominga Francisca Bouchardo, fue
un diplomático y médico argentino.
Luego de la muerte de su padre, y con el
retiro de Mariano de la diplomacia, la familia
Balcarce se mudó a Brunoy, (cercanías de París).
Mercedes moriría allí a la edad de 58 años. En
1951, su cuerpo, como el de su esposo y su hija
mayor, fueron repatriados y ahora yacen en la
Basílica de San Francisco, en Mendoza.
BIBLIOGRAFIA
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JOSE J. BIEDMA, Biografía del Brigadier General de los
Ejércitos de la Patria, Don Antonio González Balcarce,
Bs. As., 1919.
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1816, en Cuarto Congreso Internacional de Historia de América,
Bs. As., 1966.
FUED GABRIEL NELLAR, Reseña Histórica de la Infantería
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LEON REBOLLO PAZ, Familias próceres argentinas. En
Revista Historia, Bs. As., Año XII, enero-marzo 1967, Nº
46.
INTERNET, Aportes
varios. CONSULTORA
ENTWERFEN, Escritos y aportes a la
investigación. |